Stiglitz: A Estados Unidos no le interesa un dólar fuerte, es pura retórica
0 comentarios Publicado por Pizarra Económica en 13:14Teresa Bouza
Estambul (Turquía), 6 oct (EFE).- La apuesta por un dólar fuerte de las autoridades estadounidenses es pura retórica, según el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, quien pronostica que "lo más probable" es que el billete verde siga de capa caída.
"Los políticos no deciden los tipos de cambio y los discursos tampoco lo hacen", dijo a Efe Stiglitz, quien participó los últimos días en varios actos paralelos a la Asamblea Anual conjunta del FMI y el Banco Mundial que se celebra en Estambul (Turquía).
Las fluctuaciones de los tipos de cambio han centrado parte de los debates en la reunión, donde parece haber consenso en que la volatilidad cambiaria es contraproducente para la incipiente mejoría que se vislumbra en la economía global.
El asunto preocupa sobre todo a los países europeos, que temen el efecto adverso que la debilidad del dólar frente al euro pueda tener sobre el sector exportador en Europa.
Las quejas públicas desde Europa originaron la reacción la semana pasada del secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, quien dijo que a EEUU le interesa "un dólar fuerte", una declaración que fue bien recibida por las autoridades de la Unión Europea (UE).
Pero el Nobel de Economía estadounidense cuestiona que a Washington le interese que suba el valor de su divisa, y dice que se trata de una simple declaración política.
"Un dólar fuerte perjudicaría a nuestro sector exportador que ya ha sufrido un montón", explicó el economista, quien señaló que factores como el elevado déficit estadounidense hacen prever que el valor de la moneda seguirá bajo.
Stiglitz no cree que un déficit elevado sea malo por principio, siempre y cuando el dinero se invierta de forma inteligente y haya resultados que mostrar.
El problema, en su opinión, en el caso de Estados Unidos es que el dinero se ha derrochado y ha ido a causas como el rescate multimillonario de los bancos y a sufragar guerras como la de Afganistán.
"Me preocupa que malgastemos tanto dinero", dijo el economista de la Universidad de Columbia (Nueva York).
Insistió en que en lugar de invertir 700.000 millones de dólares en ayudar a los banqueros, EEUU pudo haber destinado parte de ese dinero en ayudar a los países en desarrollo, lo que a su vez habría estimulado la demanda global.
"Los 700.000 millones que dimos a los bancos muestran que podríamos permitirnos ayudar a los países en desarrollo. Elegimos no hacerlo pero podríamos si quisiéramos", añadió.
Un número creciente de expertos cuestiona la supremacía del dólar y la propia continuidad a largo plazo de la superioridad que durante las últimas décadas ha ejercido Estados Unidos en el contexto económico internacional.
El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, dio la semana pasada la voz de alerta al señalar que Washington no podía dar por hecho que el dólar mantendría indefinidamente su estatus de divisa reserva internacional.
Stiglitz dijo que respalda esa teoría, y recomendó abrir un debate multilateral sobre las alternativas.
Economistas como Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard (EEUU), considera que es un debate que los países emergentes deben mantener abierto.
"Creo que es algo que a las naciones en desarrollo les conviene plantear porque sería deseable tener un sistema financiero internacional más multipolar sobre todo debido al creciente déficit estadounidense", dijo a Efe Rogoff, quien aventuró que la próxima gran crisis financiera será la de "los déficit públicos".
Los datos muestran, por lo demás, que el proceso de diversificación de reservas por parte de los bancos centrales es ya una realidad.
Así, un informe publicado la semana pasada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) mostró que los bancos centrales de todo el mundo acumularon menos dólares durante el segundo trimestre de 2009 que en ningún otro momento de la última década y que incrementaron su tenencia de euros.
Queridos amigos, disfruten de la nueva burbuja... mientras dure
0 comentarios Publicado por Pizarra Económica en 10:24No es difícil estos días cerrar los ojos y notar, al aspirar el aroma de los mercados financieros, reminiscencias de lo que ocurría en los 18/24 meses anteriores al estallido de la burbuja de crédito, el nombre ya se nos ha olvidado pero importa, allá por el verano de 2007. Todos los activos subiendo, sin distinción. Como entonces, poco importa su carácter de defensivo o pro cíclico: renta fija soberana, deuda corporativa, acciones, materias primas, oro… Arriba, arriba, arriba. Sólo el dólar parece no participar de tal euforia compradora. Los niveles de correlación aumentan y con ellos la sospecha de que algo raro está ocurriendo. En aquél momento la justificación venía por un elemento transversal que afectaba a todos y cada uno de los bienes financieros: el crédito. ¿Y hoy?
Vino nuevo sobre odres viejos, no se lleven a engaño. En los dos últimos años se ha vivido un proceso de sustitución de un apalancamiento privado ilíquido, provocado por la muerte prematura y justificada de los procesos de off-balance y titulizaciones, por otro más líquido y público: la deuda soberana, instrumento utilizado por los gobiernos para la financiación de sus programas de gasto. De hecho se podría hablar de acumulación más que de reemplazo si nos atenemos a los datos de deuda agregada sobre PIB que se van conociendo en las distintas economías. El Reino Unido se aproxima peligrosamente al 400%, Estados Unidos se mantiene alrededor del 350% y España transita por niveles similares. De hecho, los últimos datos de nuestro Banco Central acreditan que la exposición crediticia del sistema no se ha reducido desde el inicio de la crisis. Esto significa que, por cada euro que tenemos, debemos 3,5. No está mal.
La dinámica que se ha establecido es intrínsecamente perversa, toda vez que se ha creado un círculo vicioso de muy complicada ruptura, hasta el punto de que cuesta ver un desenlace no traumático al mismo. Parte, de hecho, de una demanda artificial que permite mantener a los gobiernos unos costes de financiación extraordinariamente bajos lo que, como ocurriera en su día con el ámbito particular de la economía, tiene el peligro de llevarles a creer que lo excepcional es lo corriente lo que puede terminar por incidir en el volumen de deuda asumida y la percepción ilusoria de un repago asequible de principal e intereses.
Tal ímpetu comprador tiene dos culpables principales y un testigo accidental que están actuando de manera circunstancial y no permanente. Primero, los agresivos programas de recompras de los Bancos Centrales capaces de adquirir, en un solo trimestre, el 50% de las emisiones del Tesoro y cerca del 80% de las efectuadas por las agencias hipotecarias estatales (WSJ, Households, Fed boost Treasurys, página 25 de ayer, no lo he encontrado online). Bonita forma de reactivar el mercado de la vivienda. Un programa que, al menos en Estados Unidos, tiene octubre como fecha de caducidad.
Segundo, los bancos comerciales que ven cómo les llueven los ingresos sin tener que despeinarse. Les basta con jugar la curva de tipos de interés entre su coste de financiación y la rentabilidad que le ofrecen los distintos plazos de los activos públicos que adquieren a mansalva y figuran en su activo. Si a esto añadimos las comisiones derivadas de la originación de renta fija soberana y corporativa, que está desmadrada precisamente por su negativa a conceder financiación contra el propio balance, el cóctel de recuperación de beneficios y recapitalización está servido con un riesgo relativamente bajo (fundamentalmente de tipo de interés) y sin consumo de capital regulatorio. Para qué prestar… Eso sí, en cuanto los Bancos Centrales cierren el grifo, se acabó lo que se daba (Imprescindible este post de Zero Hedge, Moody´s discusses liquidity withdrawal and bank balance sheet risk).
El testigo accidental es, ¿adivinan quién?, el inversor privado. China, el anterior responsable del conundrum, ni está ni se le espera. No en vano nos recordaba el viernes Mark Hulbert en Market Watch (MW, Irrational exhuberance in the bond market?) que, según Trimtabs, desde marzo los inversores estadounidenses han comprado 214.000 millones de dólares en fondos de renta fija contra 10.500 de aquellos que tienen como subyacente el mercado de acciones. Por poner el dato en perspectiva, recuerda, de
El resultado es una inyección indirecta brutal de liquidez al sistema que no llega a través del canal de transmisión habitual de la misma, el sistema privado, sino por medio de las actuaciones gubernamentales sobre la economía con programas de actuación más o menos temporales. El efecto es una suerte de deja-vu en el que prima el sentimiento de que estamos comenzando a vivir, de nuevo, una época dorada de crecimiento sin inflación y tipos de interés bajos. Qué bonito. El problema es que tal sentencia está formulada al revés: es precisamente la política monetaria ultra acomodaticia la que permite construir un castillo de ilusiones que sólo puede sostenerse en la medida en que la actividad privada, que es la que aporta ingresos al Estado y permite repagar las deudas, sustituya a la pública.
Fuente: Valor Añadido por S. McCoy en www.cotizalia.com
